
Me dedico a la enseñanza en Educación Primaria desde hace algo más de veinte años. En este tiempo, he visto cómo cada generación es diferente a la anterior, con sus debilidades y fortalezas.
Con esta fotografía escenificada lanzo un grito visual y una paradoja física donde lo liviano pesa más que lo profundo. He despojado a la balanza de su significado tradicional de justicia para denunciar una «injusticia» educativa: la formación de una «generación de cristal», frágil ante la frustración y protegida en exceso por sus familias que, sin valorar las consecuencias, privan a sus hijos e hijas de lo beneficioso de la responsabilidad.
Esta puesta en escena está inspirada en la poética de los objetos de Chema Madoz. Al observala, pretendo generar un contraste incómodo. En un plato están el conocimiento y el esfuerzo representados por libros, boletines antiguos y una chasca, en el otro únicamente hay una nota manuscrita con una excusa banal que, inexplicablemente, hunde la balanza. Esa nota, con sus faltas de ortografía, es el «certificado de presencia» de unos progenitores que justifican lo injustificable.
He querido utilizar como recursos expresivos la iluminación en clave baja y una atmósfera de sombras para acentuar esa sensación de inquietud y tensión. Espero haberlo conseguido porque la edición fotográfica no es algo que controle.
Como conclusión o pregunta al aire, si permitimos que el deber desaparezca bajo la sombra de la complacencia, ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo para el mañana?
(Si quieres ver un poco más sobre mi trabajo artístico, puedes echar un vistazo a mis acuarelas en Instagram.)


Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.
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